LECCIONES APRENDIDAS
REFLEXIONES SOBRE LOS APRENDIZAJES RECIBIDOS
AFRICA
Me enseñó que memorizar una oración puede resultar inútil, aunque era necesario porque la Santa Madre Iglesia lo exigía para poder comulgar, tal y como se estilaba en aquel entonces. Esta lección me hizo reflexionar sobre la importancia de comprender el significado de los rituales y tradiciones, más allá de repetir palabras de memoria. A pesar de que la memorización no aportaba un aprendizaje profundo, era imprescindible cumplir con las normas y requerimientos establecidos por la Iglesia, lo que marcaba la forma en que se vivían esos momentos en aquella época.
Era la qué hizo con sus historias inventadas sobre la marcha mientras trabajaba sin descanso qué desarrollo mi imaginación hasta despertar por la mañana con bonitos sueños.
SANTIAGO
De Santiago aprendí la importancia de la observación pausada y profunda, entendiendo que antes de actuar es esencial analizar lo que sucede a nuestro alrededor. Su ejemplo me enseñó a valorar el silencio como herramienta para reflexionar y evitar respuestas impulsivas. Además, cuando la situación se tornaba complicada, recurría a la opción de elegir el término medio, esa “calle de en medio”, que supone buscar una solución equidistante sin asumir posiciones extremas. En los momentos en los que era necesario tomar partido, Santiago me mostraba que medir nuestras propias fuerzas era fundamental: solo así podía uno salir del atolladero en el que se había metido. Y si la situación lo requería, podía volver a entrar, dispuesto a comprobar hasta dónde llegaban las capacidades de cada uno, en un sano ejercicio de superación y aprendizaje.
LUIS
De Luis aprendí que la labor en el campo es tanto gratificante como exigente; la belleza de la tierra se revela sólo cuando uno se entrega con pasión al trabajo. Hay días en los que el esfuerzo se compensa con la satisfacción de ver frutos recogidos gracias a una “buena mano”, esa habilidad especial que surge cuando se disfruta realmente del oficio. Sin embargo, también comprendí que hay aspectos que no forman parte de mis inclinaciones, como el juego y el vino. Luis me mostró que es imprescindible reconocer cuándo algo no es lo mío y tener la sabiduría de apartarse a tiempo, evitando así caer en hábitos que no aportan valor a la experiencia de trabajar en el campo.
EUSEBIA
Eusebia me enseñó a dar la espalda a aquello que no me gustaba y a disfrutar de los pasteles en el local, comiéndolos sin atragantarme. Y por supuesto la elegancia la dignidad no perderla ni por nada ni por nadie ya que siempre había huevos para todos.
De Eusebia aprendí el valor de saber distanciarme de aquello que no me resultaba agradable, comprendiendo que no hay motivo para permanecer donde uno no está a gusto. Su ejemplo me animó a buscar el disfrute en los pequeños placeres cotidianos, como saborear los pasteles en el local, tomándolos con calma y sin prisa, evitando las prisas que pueden provocar atragantamientos. Además, Eusebia me transmitió la importancia de mantener la elegancia y la dignidad en cualquier circunstancia, sin permitir que nada ni nadie las menoscabe. No importaba la situación, porque siempre había recursos suficientes, como los huevos para todos, lo que simbolizaba que nunca faltaba lo necesario para mantener la dignidad y la elegancia intactas.
REFLEXIÓN FINAL: EL VALOR DE LO APRENDIDO
Al hacer balance de todo lo vivido y aprendido junto a Santiago, Luis, Eusebia y África, siento que si tuviera que elegir, volvería a quedarme con lo que he resumido de cada uno. Es decir, los cuatro juntos, pero no revueltos, cada cual aportando su enseñanza y su manera de ver la vida, formando un conjunto en el que siempre me apoyé, a veces con alevosía y nocturnidad. Sin embargo, es ahora, al revisar con calma lo que he aprendido a su lado, cuando reconozco que fue beneficioso para mí, aunque, en última instancia, quien tuvo que afrontar lo que vino fui yo.
Esta revisión pausada me permite apreciar cómo cada uno de ellos contribuyó a mi desarrollo. De Santiago aprendí la importancia de la observación y la reflexión antes de actuar; de Luis, la pasión por el trabajo y la sabiduría de reconocer mis propios límites; y de Eusebia, el valor de distanciarse de lo que no me gusta y la importancia de mantener la elegancia y dignidad en cualquier circunstancia. Así, al final, la suma de sus enseñanzas me acompañó en mi camino, aunque el reto de enfrentarse a la vida fue, y sigue siendo, responsabilidad mía. Y África, la mejor, en su particular sabiduría.
ORGULLO DE ABUELOS: Enrique Rivera Cabrero
^Es lo que hay^
Es increíble lo de la IA.
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