Malnutrición

 Se dice en los mentideros de mi país que uno de los objetivos de la ONU es acabar con la malnutrición en el dos mil treinta. 
    Hasta ahí lo entiendo, solo que como van a acabar en tan corto espacio de tiempo con una mal endémico de países qué para subir el precio del trigo, sus excentricidades o excesos, lo corrigen en clínicas de belleza, dónde el gasto de agua no se tiene en cuenta al regar los campos de golf.


Vale, como intención lo comprendo y, por supuesto espero verlo porque tantas buenas intenciones a mí me quitan las ganas de desayunar y este buenísimo de hombres y mujeres de honor, cómo que ya no me lo creo.

Me voy a dar otra oportunidad, erminaré la penúltima copa, mientras sigo leyendo la prensa casi diaria y en, sttraming qué es lo que mola ahora; con lo bien que estábamos con YouTube, van y alguno de los valientes periodistas se coloca en primera Linea de fuego. Hace falta ser descerebrado.

He probado a informarme sobrio y he acabado ebrio para digerir las Fakes news, bebiendo un chupito por cada una qué localizaba sin ayuda de la inteligencia artificial. Con lo cual he vuelto al médico y según él, mis transaminasas están por las nubes. Ni caso.

Mejor leer a Mortadelo y Filemón terminando en la ría del percebe. Es más sano e invita a comer y beber moderadamente.

Y para saber de qué hablar releo  a Shekasperare o o Willian para los ingleses, creo en el amor a primera  vista y es posible que hasta me dedique a la jardinería; plantando una mañana margaritas en el jardín para que salgan en invierno e invitar al vecino a una parrilla criolla. 
Eso sí, con sal de Himalaya y agua de glaciar milenario no vaya a pensar que me h vuelto a hipotecar otra vez por los excesos en dragas y vino. Se habrá visto tan malas intenciones alguna vez¡,  más.

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